• Equipo ILPA

Vitamina C en la cura del Cáncer


Este artículo pretende entregar información suficiente, de la manera más resumida posible, que permita responder la pregunta en cuestión. Debido a la extensión del texto, y sus referencias científicas, lo hacen un artículo de interés sólo para personas realmente interesadas en este controversial tema.


La fascinante historia de la vitamina C

Para poder responder nuestra gran pregunta es obligatorio contextualizar la vitamina C como medicamento, para esto es imperioso conocer su tremenda historia.


La vitamina C es el nutriente más famoso y sin duda su historia es la más interesante en todo el mundo de la medicina nutricional. Desde el año 1749 cuando un médico escocés miembro de la armada británica, el Dr. James Lind, comenzó su trabajo para demostrar que era posible curar las grandes epidemias con alimentación saludable, el mundo de la medicina re-descubrió el rol irremplazable de la nutrición como medicina.


Cuando el ser humano se lanzó a su tremenda aventura de conquistar nuevos mundos más allá de los mares, a mediados del milenio pasado, comenzó un cambio en la medicina que nunca imaginaría. La visión de la salud que tenemos en ILPA nos permite ver que esta ambición del ser humano rompería algunas reglas de la naturaleza, y esto consecuentemente alteraría el funcionamiento normal de los sistemas biológicos involucrados.


Los seres humanos por muchos años vivieron en tierra firme, pero de un día para otro ya estaban recorriendo los inmensos mares en viajes que duraban meses. Este cambio brusco en el estilo de vida trajo consecuencias, las cuales se tradujeron finalmente en la alteración del funcionamiento biológico natural de sus cuerpos y mentes, lo que la medicina ha llamado enfermedad.


La tripulación de los grandes barcos siempre enfermaba terriblemente durante los largos viajes, quedando incapacita o muerta. Durante los años 1746 y 1747, al navegar en el Salisbury, el Dr. James Lind tuvo la oportunidad de ver cómo el 60 o 70% de los marineros que zarpaban no llegaban a puerto. El motivo: la pérdida de la salud y vida de los marineros. Con el pasar de los años los médicos de la milicia descubrieron que cuando llegaban a nuevas tierras los habitantes autóctonos lograban curar a los marineros enfermos alimentándoles con diferentes vegetales.


En mayo de 1747 el Dr. Lind experimentó diferentes tratamientos con estos enfermos, probando diferentes dietas en base a agua de mar, vinagres y frutas. El doctor notó que los enfermos que consumían vegetales frescos realmente recuperaban su salud de forma milagrosa. De esta manera el médico recomendó a la armada británica incluir vegetales frescos en la dieta de los marineros, lamentablemente el duro conservadurismo médico no hizo caso a las recomendaciones del Dr. Lind sino hasta 30 años después, mientras miles de marineros murieron innecesariamente.


El ejemplo de la mente brillante y observadora del Dr. Lind y su gran descubrimiento respecto a que el origen de las enfermedades, incluso las más importantes del mundo, puede ser descubierto en el estilo de vida incorrecto de los enfermos, lo he escuchado ser celebrado desde mi primer año en la escuela de medicina hasta la ultima actualización hecha en la Escuela de Medicina de Harvard.


Esta visión y enamoramiento que ha tenido la medicina moderna por el análisis del estilo de vida, es tan antiguo como la medicina moderna misma iniciada por Hipócrates. Pero la verdad es que actualmente no es así, hoy la cura de las enfermedades se busca empecinadamente afuera de nuestras vidas, en el mundo artificial de la creación humana llamado laboratorio.


Esto nos trae interesantes preguntas...



¿Será posible encontrar la cura a las enfermedades

en creaciones humanas?



¿Será posible encontrar la falla en el sistema de la naturaleza

sin mirar dentro de la naturaleza misma?



¿Será posible reparar estas fallas con inventos que

hemos creado sin todavía siquiera entender a cabalidad

cómo funciona nuestro propio cuerpo?



Al preguntarme estas cosas, me doy cuenta por qué en la escuela de medicina sólo aprendemos a controlar síntomas y a ayudar a que el cuerpo se cure a si mismo. No aprendemos a sanar, a pesar de que la publicidad que recibe la población en general es esa y por eso nos ve incorrectamente como los seres supremos que no somos, es más, nuestro ego nos aleja cada día más de aquello. Los médicos caemos con facilidad en el truco del ego, ¿Qué mejor herramienta para controlar a los que tienen un poco de poder y liderazgo?.


Nosotros los médicos aprendemos algunas formas un poco torpes de ayudar a los enfermos a sanar. ¿Por qué torpes? Pues por lo que las personas conocen como reacciones adversas. Las herramientas que los médicos manejamos nos ayudan a acortar el tiempo necesario para sanar, cuando no podemos acortar el tiempo necesario para sanar entonces nos ayudan a que el enfermo gane más tiempo para poder recuperarse. Incluso a veces nos ayudan a evitar muertes en procesos que el cuerpo no podría sanar por si solo. Pero todos los médicos sabemos que el cuerpo y la mente de un enfermo son el terreno que tenemos para trabajar. Cuando la persona está muy debilitada, entonces ningún antibiótico y ninguna cirugía podrá hacer algo, ni siquiera en las manos del mejor médico de nuestro planeta.



Al pensar todo esto me nace el comparar las tremendamente avanzadas herramientas médicas que tenemos hoy, las cuales hubiesen sido catalogadas como de “otro mundo” sólo unos pocos años atrás durante la infancia de nuestros padres, con las herramientas básicas que necesitó el Dr. Lind para cambiar la medicina de su época y curar la más grande de las enfermedades, la terrible, la incurable, la pesadilla de los hombres… sólo usando su mente, analizó el estilo de vida de esos hombres, analizó el camino y las decisiones que los llevaron a la enfermedad y la muerte.


El doctor Lind, gracias a que ocupó su mente para buscar el origen del problema, diseñó un tratamiento que logró vencer la más grande de las enfermedades de su época y lo consiguió con un tratamiento completamente gratuito, proveído por la naturaleza, inigualablemente equitativo y sin reacciones adversas.




¿Qué es lo que nos falta a los médicos para poder replicar lo que logró Lind con las grandes enfermedades de nuestra época?


Poder responder esta pregunta me ha hecho estudiar y enseñar la historia de la medicina a quienes fueron mis alumnos y hoy son colegas naturópatas.


La historia siempre es fascinante, especialmente cuando te das cuenta que es verdadera. Luego de años de estudiar la historia del hombre, me comencé a preguntar cómo saber cuál historia es cierta y cuál no lo es. Importante pregunta si nos ponemos a pensar que la historia es escrita por quien tiene el poder de cada época.


Al observar el mundo, me doy cuenta de que lo que Lind descubrió fue que el ser humano se salió de la máquina perfecta de la naturaleza, entonces enfermó. La vida es un sistema perfecto, ya sea que lo veamos desde el punto de vista creacionista o evolucionista. O han sido eones de tiempo los que han creado esta máquina llamada naturaleza o universo, o fue un Dios todopoderoso quién lo hizo. En ambos casos, tenemos un sistema increíblemente perfecto, pero tenemos un misterio; la mente humana.


La mente humana es el único sistema conocido en toda la inmensa naturaleza capaz de decidir romper el equilibrio natural de la vida.


Al observar el trabajo de Lind veo una cura real de una enfermedad terrible y también veo que es una cura equitativa, justa y llena de libertad. Todo esto lo hace una cura verdadera. Personalmente pienso que en la naturaleza cada ejemplo de verdad siempre lleva consigo orden, justicia y libertad.


Siendo así, la historia de la medicina tiene varias aristas y vemos en los intentos de hombres como Lind respuestas verdaderas. Mientras que en la medicina de hoy vemos tecnología y marketing, pero no curas verdaderas, sólo tratamientos permanentes que nos permiten envejecer comprándole tiempo de vida a la industria farmacéutica. A diferencia de esa gran forma de hacer ciencia como lo hizo Lind, hoy estamos atrapados en un mundo donde la medicina que es investigada es sólo la medicina que es rentable.


El mundo de la medicina de hoy es un mundo donde nos especializamos por ego y dinero, la especialidad nos da más dinero por hora, una mejor posición social y complace a la parte interna que todos tenemos que nos permite sentirnos grandiosos. ¿Qué tiene de malo ser un médico general que cuida de las personas como el médico de cabecera? La verdad es que dentro de los médicos que he conocido sólo una pequeña minoría se ha especializado por motivos diferentes al dinero o al ego.


El mundo de la medicina de hoy es donde se hacen estudios científicos para poder justificar sueldos y obtener financiamientos, para competir por prestigio con otra universidad o laboratorio, para vender algún nuevo tratamiento, para poder acceder a un puesto laboral o ascenso, para ser famoso, etc. De los científicos que conozco, menos todavía hacen investigación por motivaciones diferentes al ego y dinero. 


No me refiero al dinero que necesitamos para vivir, sino que al desmedido. 



¿Hay alguien preocupado de buscar curas para las enfermedades aunque eso signifique que su trabajo o especialidad ya no sea necesaria, disminuir ingresos monetarios, disminuir ventas e incluso el cierre de industrias completas?


En la historia de la medicina moderna, iniciada por Hipócrates, vemos este rol curador de la nutrición como algo indiscutido hasta que la nueva economía comenzó a rugir en el mundo posterior al cambio que nos dejaron las 2 guerras mundiales.



Las personas piensan que las grandes guerras modernas dieron origen a la industria petroquímica, minera, armamentista, farmacéutica y alimentaria. Pero es al revés, estas industrias idearon, financiaron y sostuvieron las 2 guerras mundiales y no fue hasta que hubo un ganador, que la guerra terminó. La verdad es que la primera y segunda guerra mundial son una sola cosa, si bien los bombardeos y disparos se detuvieron por unos pocos años, lo que generó la guerra fue una lucha continua de las grandes industrias por quedarse con el control y poder de la nueva forma de control de las personas “La economía”.


Algunos piensan que la economía moderna cambió la vida del ser humano, pero la verdad solo cambió las formas. Siempre ha existido algún instrumento para privar a las personas de libertad, hoy es la moneda. 


Entonces ahora podemos volver a plantear esta pregunta y sugerir una respuesta...



¿Qué es lo que nos falta a los médicos para poder replicar lo que logró Lind con las grandes enfermedades de nuestra época?



¡Nos falta una medicina libre!



Hoy el nacimiento de cada idea como la del Dr. Lind es tildada de “medicina alternativa”, un gran truco de la industria farmacéutica para mantener al margen la medicina original que lograron desterrar con 2 guerras mundiales. Otros hombres que han observado la naturaleza los analizaremos en otros artículos, como el Dr. Gerson y el Dr. Hamer.



Toda esta historia y reflexión no ha sido un mero preámbulo

sin sentido.



Entender la potencia de la medicina libre, alternativa, natural o complementaria, es difícil si la seguimos viendo como una medicina de segunda categoría. La medicina no tiene categorizaciones, la medicina es el arte, ciencia y filosofía de sanar. Pero la industria farmacéutica insiste en venderle a la población, incluídos nosotros los profesionales del área sanitaria, la idea de que la medicina verdadera sólo nace de los laboratorios. Los naturópatas de ILPA pensamos que la medicina verdadera nace de la buena intención de las personas. Una herramienta no es menos medicinal por tener menos tecnología detrás, Lind y otros lo han demostrado.


Casi 200 años después, el Dr. Albert Szent-Györgyi logró aislar y luego identificar la molécula contenida en los alimentos con los que el Dr. Lind logró curar el escorbuto. Esta sustancia es un ácido, y como es un ácido capaz de revertir el escorbuto se llamó “ácido ascórbico”, también llamada vitamina C. En el año 1937 se le dio el Premio Nobel de Química a Walter Norman Haworth por determinar junto con Paul Karrer, la estructura del ácido ascórbico. Y claro se le entregó el máximo galardón, el Premio Nobel de Medicina al Dr. Albert Szent-Györgyi por sus estudios respecto a la utilidad terapéutica de la vitamina C.


La vitamina C es un nutriente y un medicamento que ha estado en la mente y trabajo de algunos de los científicos más grandes de la historia; el Dr. James Lind y los ganadores de Premio Nobel los doctores Albert Szent-Györgyi, Walter Norman Haworth, Paul Karrer, Linus Pauling y otros. Ganadores de Premios Nobel de Medicina, Química e incluso de la Paz.



¿Un hombre premiado con el Premio Nobel de la Paz

involucrado en medicina nutricional?



Claro que sí... 



¿Cómo no ha de estar involucrado el pacifista más importante del mundo en el asunto de la medicina libre?



Desde Hipócrates hasta antes de las 2 guerras mundiales, la revolución industrial y la nueva economía mundial, el estilo de vida y la alimentación era parte protagonista en la medicina. Luego de estos acontecimientos el estilo de vida pasó a un segundo plano, para ser reemplazado por los fármacos y la ingeniería genética.



La vitamina C como un gran medicamento


La vitamina C no sólo fue la responsable de curar el escorbuto, o mejor dicho la falta de vitamina C en los marineros que rompieron leyes básicas en su estilo de vida que produjo una de las enfermedades más grandes de la historia, el escorbuto. También ha sido utilizada como uno de los mejores medicamentos que existen, pero muy pocos lo saben, quienes manejan esta información son principalmente las personas con una conexión con el mundo de la medicina libre.


En las décadas de 1950 y 1960 se vacunaba a los niños contra la poliomlielitis, una terrible enfermedad de la época. Existió una lucha entre los doctores Albert Sabin y Jonas Salk, por liderar la lucha contra esta enfermedad. Primero el Dr. Sabin desarrolló su vacuna,hecha de virus “vivos”, que dijo ser la salvación de esta enfermedad, pero luego el Dr. Salk acusó a este medicamento de ser “la causa principal, si no la única” de cada caso de poliomielitis registrada en los EEUU desde 1961, claramente el Dr. Salk diseñó su vacuna con virus “muertos”. Recién el año 1996, un año después de la muerte del Dr. Salk, las autoridades sanitarias hicieron la recomendación de utilizar virus muertos en la vacuna de la polio en EEUU. Recién el año 2000, las autoridades internacionales afirmaron que “Para eliminar los riesgos asociados a la vacuna de poliomielitis paralizante, se recomienda que se siga todo el calendario de virus de polio inyectados en las vacunaciones rutinarias infantiles de los EEUU”. Se necesitaron 2 décadas para que la medicina hiciera caso al aviso del Dr. Salk, otro ejemplo del duro “conservadurismo” médico. 


En el mundo de la medicina convencional o moderna, los apellidos Sabin y Salk son muy famosos. Pero nadie ha oído hablar del Dr. Claus Washington Jungeblut, médico del Instituto Robert Koch en Alemania, bacteriólogo del departamento de Salud de Nueva York, profesor de las universidades de Stanford y Columbia. El Dr. Jungeblut descubrió que la vitamina C puede prevenir y curar la poliomielitis, quién publicó su descubrimiento poco tiempo después de que se identificase la vitamina C, en 1935. Uno de los pioneros en la investigación de la vitamina C, además demostró que era una herramienta capaz de desactivar también las toxinas de la difteria y tétanos. Luego de algunos años Jungeblut le entregó a la medicina el primer medicamento capaz de curar escorbuto, infecciones bacterianas y también virales como la polio, la hepatitis, el herpes y los estafilococos, pero lo más importante que nos enseñó fue lo siguiente: La dosis de vitamina C es lo más importante.


Algunos trabajos del Dr. Jungeblut son estos:

  • Jungeblut CW. Inactivation of poliomyelitis virus by crystalline vitamin C (ascorbic acid). JExper Med 1935. 62:317-321.

  • Jungeblut CW. Vitamin C therapy and prophylaxis in experimental poliomyelitis. J Exp Med, 1937. 65: 127-146.

  • Jungeblut CW. Further observations on vitamin C therapy in experimental poliomyelitis. J Exper Med, 1937. 66: 459-477.

  • Jungeblut CW, Feiner RR. Vitamin C content of monkey tissues in experimental poliomyelitis. J Exper Med, 1937. 66: 479-491.

  • Jungeblut CW. A further contribution to vitamin C therapy in experimental poliomyelitis. J Exper Med, 1939. 70:315-332.

  • Jungeblut CW, Zwemer RL. Inactivation of diphtheria toxin in vivo and in vitro by crystalline vitamin C (ascorbic acid). Proc Soc Exper Biol Med 1935; 32:1229-34.

  • Jungeblut CW. Inactivation of tetanus toxin by crystalline vitamin C (l-ascorbic acid). JImmunol 1937;33:203-214.



Sorprendentemente las personas inyectadas con vitmaina C no sólo previenen la infección por poliomelitis de forma tan eficaz como quienes reciben la vacuna Salk, sino que también en el caso de haber desarrollado la infección son capaces de curarse y evitar todo el daño neurológico.


El Dr. Sabin también investigó el uso de vitamina C contra la poliomielitis y demostró que al usar dosis menores que las del Dr. Jungeblut no era posible obtener el efecto terapéutico anti-poliomielitis. Claro que a pesar de que su trabajo fue realizado con dosis menores de vitamina C, la idea final que se vendió al público no fue la que acabamos de leer aquí, si no que “la vacuna es superior a la vitamina”.


Lamentablemente para Jungeblut y para las personas, mientras la investigación para las vacunas recibía millones de dólares para financiamiento, la vitamina C no recibió nada. Esto es porque la vitamina C no es un medicamento rentable, ya que no es patentable. Es una molécula natural como el agua o las que encontramos en el aire, nadie puede patentar y vender el agua o el aire, nadie puede tampoco hacerlo con la vitamina C. Entonces, si no era posible ganar dinero con ella, ¿Para que invertir en el marketing necesario para hacerla un gran medicamento?


A pesar de esto, luego de Jungeblut, otros científicos lograron mostrar que la vitamina C es un excelente medicamento para combatir casi cualquier tipo de infección viral, siendo un agente antivírico de amplio espectro si es que la dosis es la correcta. Toda esta investigación científica fue publicada y guardada en los anales del olvido de la medicina moderna, al parecer desde la década de 1930 y especialmente finalizada la Segunda Guerra Mundial, la medicina libre no conseguiría mucha publicidad.


Algunos de los artículos científicos interesantes al respecto son los siguientes:


  • Klenner FR. The use of vitamin C as an antibiotic. Journal of Applied Nutrition, 1953, Vol 6, p 274-278.

  • Klenner FR. The treatment of poliomyelitis and other virus diseases with vitamin C. Southern Medicine and Surgery, July, 1949, p 209.

  • Robert Landwehr. The origin of the 42-year stonewall of vitamin C. Journal of Orthomolecular Medicine, 1991, Vol 6, No 2, p 99-103.



¿Sabía usted que la dosis diaria recomendada de vitamina C es

suficiente para evitar el escorbuto, pero no es suficiente

para evitar muchas otras enfermedades?




Otro gran científico en el mundo de la vitamina C es el Dr. William McCornick, pionero en el pensamiento de que la deficiencia de vitamina C podría provocar muchas enfermedades. Actualmente es muy sabido que la vitamina C es necesaria para la fabricación de colágeno en nuestro cuerpo, esto es vital para la estructura física de nuestros órganos. Hace más de medio siglo el Dr. McCornick lideró la idea de que el déficit de vitamina C estaría relacionado con las enfermedades en donde el colágeno tiene un rol; desde las estrías, pasando por las enfermedades cardiovasculares y hasta el cáncer.



Ya en el año 1942 el Dr. McCornick observó que las estrías pueden evitarse con vitamina C. Con la misma línea de pensamiento, pareciera ser que el Dr. McCornick fue el primero en relacionar el escorbuto con una predisposición al cáncer, y su idea fue que si nuestro cuerpo tiene una matriz extracelular fuerte, entonces sería dificil para las células cancerosas poder esparcirse por el cuerpo. Así logró demostrar que los pacientes con cáncer presentan niveles de vitamina C más bajos en su cuerpo, entonces recomendó el uso de la vitamina C en pacientes con cáncer.


Años después esta idea fue tomada por los grandes científicos Dr. Linus Pauling y Dr. Ewan Cameron, quienes usaron por primera vez grandes cantidades de vitamina C para tratar pacientes con cáncer. Ellos escribieron un libro llamado El cáncer y la vitamina C. Con el pasar de los años, se ha ido descubriendo el efecto anti-cáncer de la vitamina C y la verdad es que va mucho más allá de lo que hipotetizó el Dr. McCornick. Más adelante en este artículo hablaremos respecto a esto.


Las enfermedades que provocan más muertes son las cardiovasculares; en palabras sencillas el infarto cerebral y cardíaco. El Dr. McCornick observó que los síntomas del escorbuto podrían estar relacionados con las enfermedades cardiovasculares, porque una arteria carente de vitamina C y por lo tanto, con dificultad para reparar el colágeno de sus propios tejidos y consecuentemente una arteria de paredes débiles, literalmente puede “Sangrar dentro de si misma”. Luego de esta idea, el Dr. McCornick investigó y se dio cuenta de que el 80% de los pacientes infartados hospitalizados mostraban deficit de vitamina C.


La idea inspiró a algunos de los más grandes avances en el mundo de la medicina libre, de manera lamentable avances absolutamente desconocidos en la medicina convencional. De manera paradójica y sospechosa los descubrimientos más grandes de la medicina libre son publicados en las mismas revistas científicas donde hace sus publicaciones la medicina convencional. Quizás la trillada frase que nos enseñan en la universidad es cierta… la mayoría de las veces sólo encontramos lo que estamos buscando… así podemos pasar por alto descubrimientos que están publicados bajo nuestras narices.


El año 1954 el Dr. Willis demostró que al usar vitamina C en pacientes de alto riesgo cardiovascular como hipertensos y diabéticos, es posible lograr lo imposible: revertir la ateroesclerosis. La ateroesclerosis es supuestamente la causa de la patología vascular que termina en infartos cardiacos y cerebrales, ya que consiste en el bloqueo progresivo de las arterias y final obstáculo al paso de la sangre.


En la universidad me enseñaron más de 1 vez que la aterosclerosis no es reversible, es hasta cierto punto de vista evitable con un buen estilo de vida, pero no tiene cura. Me sorprende lo que escribe el Dr. Williams en su estudio Serial Arteriography in Atherosclerosis, publicado junto a los Drs. Light y Gow en el Journal de la Sociedad Médica Canadiense en diciembre de 1954.




En la tabla 1 nos muestra que los enfermos que no recibieron vitamina C no tuvieron mejoría o incluso empeoraron requiriendo incluso la amputación de sus piernas. Por otro lado podemos ver los resultados de la tabla 2.



Aquí vemos los pacientes que recibieron la vitamina C como terapia, algunos de ellos mejoraron sus síntomas como angina de pecho o debilidad y claudicación de las piernas. Todo esto como resultado de la disminución de las placas de ateromas en sus arterias.




Esta es una de las imágenes del artículo del Dr. Willis que muestra la disminución de las placas ateromatosas en uno de los pacientes que recibieron vitamina C por 110 días. Esto se consiguió gracias a dosis adecuadas de vitamina C, llamadas por la medicina convencional “megadosis” al ser comparadas con la pequeña dosis necesaria para evitar el escorbuto, cantidad que inspiró la dosis diaria recomendada de vitamina C. Claramente si queremos prevenir el escorbuto necesitamos consumir la dosis diaria recomendada de vitamina C, las cuales podemos ver en la tabla, obtenida del Instituto Nacional de Salud de EEUU. Pero si queremos revertir una ateroesclerosis, evitar estrías o combatir infecciones bacterianas y virales, entonces con la dosis diaria recomendada nos quedaremos cortos.


Es increíble que un descubrimiento como el del Dr. Willis pasara desapercibido hasta el día de hoy. Pero la verdad es que no ha sido invisible para todos. Es así como otros personajes del mundo de la medicina libre como el Dr. Matthias Rath y la Dra. Niedzwiecki, por mencionar sólo a algunos, han conducido trabajos científicos de resultados impresionantes en los cuales podemos ver nuevamente la reversión o cura de la ateroesclerosis pero esta vez con la tecnología actual.


Estos científicos han demostrado que en los pacientes que reciben suplementos alimenticios con vitamina C y otros nutrientes, frenan el avance de la ateroesclerosis y que incluso pueden revertirla.



Esta es una imagen del trabajo del Dr. Rath y la Dra. Niedzwiecki, en el Journal of Applied Nutrition el año 1996, volumen 48 páginas 68-78, llamado Nutritional Supplement Program Halts Progression of Early Coronary Atherosclerosis Documented by Ultrafast Computed Tomography. Nos muestra como en los pacientes sin uso de suplementos alimenticios el avance degenerativo de la aterosclerosis es mayor.



De hecho en la figura 4 de su artículo podemos ver una tomografía computada ultrarápida que nos muestra la reversión de la ateroesclerosis de las arterias coronarias de uno de los pacientes involucrados en la investigación. La tomografía computada es el examen que los pacientes comúnmente llaman “escaner” y abreviado como TAC. Estas imágenes corresponden a un paciente de 51 años, con enfermedad ateroesclerótica coronaria asintomática, quien se realizó un TAC ultrarápido antes y después de someterse al programa de suplementación alimenticia para la ateroesclerosis, luego de un año podemos observar la reversión de la patología. En el primer TAC se pueden observar placas ateroescleróticas calcificadas en la coronaria descendente anterior, derivada de la arteria coronaria izquierda, y en la coronaria derecha (Imágenes superiores o 4ª), un año después de uso de suplementos alimenticios, especialmente vitamina C, esas calcificaciones ya no están (Imágenes inferiores o 4b).


Efectivamente es interesante lo que plantean estos científicos, pero...



¿Podrá ser posible que el mal estilo de vida es el

que daña al sistema cardiovascular?



¿Será el escorbuto la expresión del déficit total de vitamina C

y la ateroesclerosis la expresión del déficit parcial

de muchos nutrientes?



Si no es así…


¿Cómo es posible que reviertan esta enfermedad irreversible con tratamientos en base a nutrientes?



La vitamina C es un nutriente que puede ser usado como medicamento, el cual ha llamado la atención de los más grandes científicos de la historia y es una sustancia del botiquín de la medicina libre. Luego de entender esto a grandes rasgos con la resumida historia que se ha planteado aquí, recién ahora podemos sumergirnos en la pregunta de hoy:



¿Es posible ayudar a curar el cáncer con vitamina C?



La vitamina C es una molécula de muchas funciones:


  • Antioxidante

  • Ingrediente para producción de colágeno

  • Factor crucial para el funcionamiento de las células inmunitarias

  • Síntesis de L-carnitina

  • Participante en el metabolismo del colesterol

  • Participante del citocromo P450

  • Factor crucial para la síntesis de neurotransmisores


Pero la función anticancerosa no está en esta lista, es necesario que la entendamos.


Los doctores Pauling y Cameron en su estudio de 1976, Supplemental ascorbate in the supportive treatment of cancer: Prolongation of survival times in terminal human cancer. (Proc Natl Acad Sci USA. 1976 Oct; 73 (10)). Experimentaron tratamientos con grandes dosis de vitamina C en pacientes con cáncer terminal, dandole megadosis de vitamina C junto al tratamiento convencional. Descubrieron que la vitamina C aumentó la expectativa de vida de estos pacientes más de 4 veces, ya que los enfermos que no recibieron vitamina C vivieron en promedio 50 días, en cambio los que recibieron vitamina C vivieron en promedio 210 días. Incluso el 10% de los pacientes que recibieron la vitamina C vivió 20 veces más que el promedio de los que no la tomaron.


Luego de esto la Clínica Mayo condujo 2 trabajos (Creagan 1979 y Moertel 1985) que no mostraron beneficio en el cáncer con el uso oral de vitamina C. Debido a esto es que comenzó el uso endovenoso de este nutriente.


Según el trabajo publicado por el prestigioso Dr. Hugh Riordan el año 2003 llamado Intravenous Ascorbic Acid: Protocol for its Application and Use, en el Puerto Rico Health Sciences Journal, el uso de la vitamina C en grandes dosis es administrado de forma endovenosa (desde ahora lo resumiremos como VCEV, vitamina C endovenosa) y en cantidades habitualmente en rangos de 0,1 a 1 gramo por kilo de peso del paciente. El equipo del Dr. Riordan tiene experiencia en el tratamiento de pacientes con altas dosis de vitamina C endovenosa desde principio de la década de los 1980. Originalmente se pensó que la habilidad de la vitamina C para combatir el cáncer era producto del fortalecimiento del colágeno y del sistema inmunológico, pero luego de algunos años se descubrió que va más allá.


El Dr. Riordan descubrió que en adultos dosis de 15 gramos 1 ó 2 veces por semana puede mejorar el bienestar del paciente y aumentar el tiempo de vida. Luego al duplicar la dosis a 30 gramos 2 veces por semana, él y su equipo descubrieron que era posible revertir lesiones metastásicas hepáticas y pulmonares, en un tumor primario renal. Luego lograron demostrar que era posible revertir metástasis óseas en tumores primarios de mama, con dosis de 100 gramos endovenosos 1 ó 2 veces por semana. Actualmente se sabe que la vitamina C y sus sales como el ascrobato de sodio, tienen la capacidad de destruir células cancerosas sin destruir células sanas.


Esta capacidad de destruir células cancerosas se debe a que las dosis muy altas de vitamina C, que sólo se pueden alcanzar adiminstrandola de forma endovenosa, provocan productos de peroxidación, especialmente H2O2. Las células cancerosas son fáciles de destruir porque han perdido sus mecanismos de defensa antioxidantes naturales de catalasa y super óxido dismutasa.



Así es, la vitamina C en dosis altas no es un antioxidante, es un

pro-oxidante. Pero sólo destruye células anormales, dejando intactas a las células sanas.



Con décadas de experiencia el Dr. Riordan recomienda el uso de 1, 2 ó 3 sesiones semanales de VCEV, donde la cantidad debe ir aumentando progresivamente semana a semana. Por ejemplo en adultos puede partir la primera semana con 15 gramos de VCEV al día 2 ó 3 veces por semana, luego aumentar a 30 gramos la segunda semana, 65 gramos la tercera semana y a 100 gramos desde la cuarta semana. La cantidad de vitamina C debe ser ajustada para alcanzar concentraciones de vitamina C en la sangre que sean suficiente para activar el efecto tóxico para células cancerosas, por el mayor tiempo posible. También se usa simultáneamente vitamina C en grandes dosis vía oral.


Con el tiempo se ha descubierto que además del uso directo anti cáncer de la VCEV, también puede ser beneficiosa para combatir infecciones concomitantes al cáncer y otras enfermedades como la artritis reumatoide.



Farmacología de la vitamina C


Es una vitamina hidrosoluble, la absorción por vía oral es limitada ya que en dosis altas produce diarrea y es eliminada por las heces. Interesantemente la cantidad de vitamina C que una persona puede absorber por vía oral es variable, pareciera ser que cada persona tiene una tolerancia única para la cantidad máxima de vitamina C que puede absorber vía oral, esto varía entre 2 y 16 gramos al día.


Pero la cantidad de vitamina C que podemos absorber vía oral cambia radicalmente cuando estamos enfermo. Así es, cuando estamos enfermos aumentamos la cantidad de vitamina C que podemos absorber por vía oral, incluso hasta 10 ó 20 veces.


Así es como una persona que sólo puede tolerar 4 gramos de vitamina C vía oral al estar sano, cuando enferma por ejemplo de un resfrío puede aumentar su capacidad de absorber vitamina C vía oral a 20 ó 30 gramos al día, y al enfermar de patologías más graves como cáncer o de una neumonía importante, entonces podría tolerar más de 100 gramos vía oral al día.


Es notoria esta capacidad inteligente de nuestro cuerpo de absorber más vitamina C cuando estamos enfermos, esta información la tenemos gracias al trabajo de años de investigación del Dr. Robert Cathcart, quien trató miles de pacientes con mega dosis de vitamina C.


El ser humano no es capaz de producir vitamina C en su cuerpo, es por eso que necesita comerla. Interesantemente tal como nosotros aumentamos nuestra capacidad de absorberla cuando estamos enfermos, los animales que pueden producir su propia vitamina C aumentan esta producción cuando están enfermos, y más la aumentan en cuanto más enfermos están.



Pareciera ser que, tanto los animales, como los seres humanos

necesitamos mayores cantidades de vitamina C

cuando estamos enfermos.




La cantidad de vitamina C en la sangre de un adulto humano sano es menor a 100 micromolar, reciba o no suplementación oral (Levine et al 1996), pero la cantidad de vitamina C en la sangre de pacientes con cáncer es a veces incluso indetectable (Riordan et al 2005). En pacientes con cáncer se ha identificado relación entre déficit de vitamina C, elevación de la PCR y menos tiempo de sobrevida.


Cuando se administra la vitamina C de forma endovenosa se alcanzan concentraciones plasmáticas mayores a 10 milimolar. Destacando por lo tanto que la cantidad de vitamina C en la sangre aumenta 100 veces si se la administramos de forma intravenosa al paciente, pero más interesante aún es que esto no genera ninguna reacción adversa significativa en los pacientes. Esto podemos leerlo en los trabajos de Casciari del 2001 y Padayattu del 2004.


Se ha observado que luego de la administración de VCEV la concentración plasmática de los pacientes con grandes tumores aumenta menos que la de personas sanas. Con observaciones como esta y otras, realizadas por el equipo de médicos de la Clínica Riordan durante más de 30 años, se ha descubierto que los tumores tienen mayor capacidad de absorber vitamina C que los tejidos sanos.


Con una concentración en la sangre superior a 1 o 2 milimolar ya se activan los mecanismos de destrucción de células cancerosas. Recordemos que la cantidad normal de vitamina C en un adulto es 0.1 milimolar o 100 micromolar. Para alcanzar estas cantidades es necesario el uso endovenoso de vitamina C, claro que la cantidad a utilizar dependerá de muchas variables, siendo diferente en cada paciente.


A concentraciones plasmáticas superiores a 1 milimolar la vitamina C actúa como un pro oxidante mediante la formación de peróxido de hidrógeno. El cual provoca la muerte de células cancerosas por mecanismo de autofagia y apoptosis. Esto lo podemos ver en muchos trabajos científicos:


  • Por ejemplo el antiguo trabajo de Benade llamado Synergistic killing of Ehrlich ascites carcinoma cells by ascorbate and 3-amino-1,2,4,-triazole, publicado en Oncology el año 1969.

  • El famoso estudio de Riordan de marzo de 1995 publicado en Medical Hypotheses, llamado Intravenous ascorbate as a tumor cytotoxic chemotherapeutic agent. Que nos explicó que la vitamina C es tóxica selectivamente para células tumorales in vitro e in vivo, y tal como otros trabajos antiguos nos hace un importante llamado a usar dosis suficientemente altas.

  • El trabajo de Casciari de junio del 2001 publicado en el British Journal of Cancer llamado Cytotoxicity of ascorbate, lipoic acid, and other antioxidants in hollow fibre in vitro tumours. También nos hizo un llamado a observar la dosis, “Dosis bajas son protectoras, mientras que dosis altas aumentan la muerte de células cancerosas”.

  • La publicación de los doctores Frei y Lawson de agosto del 2008 en el PNAS titulada Vitamin C and Cancer Revisited.

  • El estudio de Chen llamado Pharmacologic doses of ascorbate act as a prooxidant and decrease growth of aggressive tumor xenografts in mice, publicado en agosto de 2008 en PNAS.


Otros trabajos indican que estas dosis de vitamina C tienen un efecto anticancerígeno por su poder antiangiogénico en los tumores, evitando que el tumor desarrolle sus vasos sanguíneos y por lo tanto estimulando la muerte y evitando su crecimiento y propagación. Como por ejemplo el de Yeom publicado en el Journal of Translational Medicine titulado "High dose concentration administration of ascorbic acid inhibits tumor growth in BALB/C mice implanted with sarcoma 180 cancer cells via the restriction of angiogenesis". Otros autores que puede buscar para la misma idea son Ashino et al. 2003, Berlin et al. 2009, Page et al. 2007 y Mirikova et al. 2008-2012.


También ya hemos mencionado que el estado inflamatorio del cuerpo del paciente con cáncer es un marcador de mal pronóstico, según la misma investigación ya mencionada de Mirikova et al. De 2012, esta inflamación medida con PCR disminuye en pacientes tratados con VCEV, al mismo tiempo que disminuyen los niveles séricos de IL-1B, IFNy, IL-8, IL-2, TNFa y Eotaxina.


Podríamos enumerar muchas publicaciones que hablan respecto a este tema, pero también podríamos enumerar una cantidad similar que hablan en contra del uso de la vitamina C en el cáncer, lo cierto es que todavía falta investigación al respecto. Todavía topamos en el principal factor: sin importar el efecto anticanceroso, tenemos el problema del nulo potencial comercial de la vitamina C para ser patentada y vendida por algún laboratorio, esto provoca un severo retraso en la investigación científica.



Seguridad de la vitamina C


La vitamina C es muy segura, las reacciones adversas son muy raras. Pero de todas maneras debemos destacar que existe una publicación de necrosis tumoral, hemorragia y luego muerte del paciente luego de la administración de una dosis de 10 gramos de ácido ascórbico, del año 1979 por los Drs. Campbell y Jack llamada Acute reactions to mega ascorbic acid therapy in malignant disease (Scot Med J 1979; 21:151). Debido a esto podemos decir que es seguro comenzar con dosis pequeñas y que en los casos de pacientes con tumores muy anaplásicos, de crecimiento rápido o de gran volumen, deben ser monitorizados rigurosamente.


También existe el reporte de un paciente con nefropatía aguda por oxalato, en un caso de obstrucción bilateral de uréteres y daño renal crónico, quien recibió 60 gramos de vitamina C endovenosa. Publicado por Wong, el año 1994 llamado Acute oxalate nephropathy afeter massive intravenous dose of vitamin C. (Aust NZ J Med 1994;24:410-411). El uso de vitamina C en megadosis en pacientes con daño renal crónico no es imposible, pero debe ser monitorizado con un médico con experiencia.


De todas formas el año 2010 El Dr. Sebastian Padayatty publicó un estudio respecto a la seguridad de VCEV, llamado Vitamin C: intravenous use by complementary and alternative medicine practitioners and adverse efects (Plos One. 2010. Jul 7;5(7)), en el cual concluyó que el uso de la VCEV es ampliamente usado por médicos de la medicina complementaria y que a parte de las complicaciones propias conocidas en los pacientes con daño renal o deficiencia de glucosa 6-fosfato deshidrogenasa, el uso de altas dosis de VCEV pareciera ser extraordinariamente segura.


También se ha estudiado la relación con la quimioterapia, en un inicio se pensó que si la vitamina C se cumulaba en los tumores podría tener un efecto antioxidante y proteger células cancerosas de la quimioterapia, disminuyendo la eficacia de esta. Pero luego de grandes revisiones meta-analíticas se ha definido que la VCEV no afecta negativamente la quimioterapia (Simone et al. 2008; Block et al. 2008). Por otro lado varios investigadores han publicado que la quimioterapia convencional y la VCEV podrían tener un efecto potenciador al ser usadas en conjunto, aumentando el beneficio para el paciente (Fromberg et al 2011; Espey et al. 2011; Shinozaki et al. 2011).




CONCLUSIONES


Existe todo un mundo desconocido en la medicina, incluso para los profesionales del área de la salud. Un mundo donde se ha debatido y literalmente librado una “batalla científica” entre la medicina libre y la industria farmacéutica. Ha sido difícil, porque en esta batalla las armas son los estudios que se hacen con investigación científica, pero la evidencia científica requiere financiamiento.


Actualmente el fin último de la mayoría de las investigaciones científicas que se hacen en medicina es el lucro.



¡Para esto tenemos incluso evidencia que lo demuestra!



El trabajo de los doctores Lexchin, Bero, Djulbegovic y Clark del 2003 en el BMJ (BMJ VOLUME 326 31 MAY 2003). Concluye que existe un sesgo sistemático en las publicaciones científicas en medicina, el cual beneficia a la compañía farmacéutica que financia los estudios publicados.


El estudio publicado por los doctores Schott, Pachl, Limbach y Gundert-Remy del 2010 (Dtsch Arztebl Int 2010; 107(17): 295–301 ) concluye que el apoyo financiero de las compañías privadas influencian muchos aspectos del desarrollo de los estudios científicos, provocando resultados que favorecen a los laboratorios farmacéuticos.


Conclusiones similares alcanzaron y publicaron los equipos de los doctores Liyanage (Health Info Libr J. 2006 Sep;23(3):214-22), Lexchin (CMAJ. 1993 Nov 15;149(10):1401-7), Buchkowsky (Ann Pharmacother. 2004 Apr;38(4):579-85), Shah (Spine (Phila Pa 1976). 2005 May 1;30(9):1099-104), Radcliff (Curr Rev Musculoskelet Med. 2017 Jun;10(2):170-176), Ahn (BMJ. 2017 Jan 17;356:i6770), Brown (Clin Gastroenterol Hepatol. 2006 Dec;4(12):1445-51) y así la lista es interminable...



Obviamente esto nos lleva a hacernos la siguiente pregunta…



¿Qué tan “científica” es la investigación científica de

la medicina moderna?



"Al parecer bastante poco"



Este camino nos ha traído a un punto muy peculiar en la historia de la medicina, hoy enfrentamos una gran dificultad para producir investigación imparcial y justa. Este camino nos ha conducido hasta un punto donde es tremendamente improbable conseguir el real objetivo de la medicina; beneficiar a las personas.


Al hablar de la vitamina C estamos frente a una herramienta terapéutica increíblemente poderosa, pero que al no ser patentable no es rentable, por lo tanto nadie ha tenido interés en financiar su investigación. De hecho muchos han tenido interés en financiar investigación en contra de ella, especialmente quienes lucran con fármacos que tienen efectos similares.



"La vitamina C en la dosis correcta es un medicamento que previene y combate infecciones virales y bacterianas, optimiza la capacidad del cuerpo de reparar lesiones de todo tipo, protege el sistema cardiovascular, combate el cáncer y mucho más."





Referencias Científicas

  1. Cytotoxicity of ascorbate, lipoic acid and other antioxidants in hollow fibre un vitro tumours

  2. A further contribution to vitamin C therapy in experimental poliomyelitis

  3. Vitamin C content of monkey tissues in experimental poliomyelitis

  4. Inactivation of poliomyelitis virus in vitro by crystalline vitamin C (ascorbic acid)

  5. Intravenously administered vitamin C as cancer therapy: three cases

  6. High dose concentration administration of ascorbic acids inhibits tumor growth in BALB/C mice implanted with sarcoma 180 cancer cells via the restriction of angiogenesis

  7. Vitamin C and cancer revisited

  8. Pharmacologic doses of ascorbate act as a prooxidant and decrease growth of agrressive tumor xenografts in mice

  9. Bias in cervical total disc replacement trials

  10. Serial arteriography in atherosclerosis

  11. Interactions between physicians and the pharmaceutical industry: What does the literature say?

  12. The financing of drug trials by pharmaceutical companies and its consequences

  13. Pharmaceutical industry sponsorship and research outcome and quality: systematic review

  14. Financial ties of principal investigators and randomized controlled trial outcomes: cross sectional study

  15. Epigenetic impacts of ascorbate on human metastatic melanoma cells

  16. Vitamin C in Health and Disease: Its Role in the Metabolism of Cells and Redox State in the Brain

  17. The ROS-induced cytotoxicity of ascorbate is attenuated by hypoxia and HIF-1alpha in the NCI60 cancer cell lines

  18. Epigenetic regulation in human melanoma: past and future

  19. High-Dose Vitamin C Injection to Cancer Patients May Promote Thrombosis Through Procoagulant Activation of Erythrocytes

  20. Ascorbic acid: Chemistry, biology and the treatment of cancer

  21. Treatment of Pancreatic Cancer with Pharmacological Ascorbate

  22. Nutritional Supplement Program Halts Progression of Early Coronary Atherosclerosis Documented by Ultrafast Computed Tomography

  23. Supplemental ascorbate in the supportive treatment of cancer: Prolongation of survival times in terminal human cancer

  24. Vitamin C: Intravenous Use by Complementary and Alternative Medicine Practitioners and Adverse Effects

  25. The Effect of High Dose IV Vitamin C on Plasma Antioxidant Capacity and Level of Oxidative Stress in Cancer Patients and Healthy Subjects



A continuación encontrará y podrá descargar los estudios científicos en los que se basa este artículo.


Referencias Científicas - (Material Descargable)




Invitación

Para los colegas del área de la salud que estén interesados en aprender más sobre el uso de la vitamina C como medicamento, les recomendamos participar de nuestro Diplomado en Nutrición Naturopática y Medicina Ortomolecular para Profesionales del Área de la Salud, con Bases Científicas y Orientación Clínica.


ESCRÍBENOS A

Padre Mariano 103, Oficina 205, Providencia, Santiago, RM.

ENCUÉNTRANOS EN

LLÁMANOS AL

(+56) 2 2793 4087

© 2020 Instituto Clínico ILPA. Todos los derechos reservados.